La siembra según las fases de la luna es un sistema de cultivo tan antiguo como la agricultura y la cultura. Basado tanto en la tradición como en la superstición, se observó que el carácter y los rasgos de crecimiento de las plantas cambiaban con las fases de la luna. A través de los corredores del tiempo, este ritmo de crecimiento ha sido registrado y transmitido a las siguientes generaciones.

Un buen momento

Hoy tenemos acceso a los conocimientos medio olvidados y lo que ha perdurado es un programa de crecimiento de las plantas que podemos utilizar como aquellos jardineros de antaño. Es una ilustración de la lucha de la humanidad por comprender y aprovechar las fuerzas de la naturaleza y, al hacerlo, dominar este planeta.

Luna, mareas, semillas y agua

La Tierra está en un pozo de gravedad que cambia continuamente por el sol, los planetas y la luna. Las mareas de los océanos alcanzan su máximo nivel durante el tiempo de la luna entera, una vez que la luna y el sol se alinean con la tierra. Los antiguos creían que como la luna atrae las mareas en los mares, además, atrae toda el agua, haciendo que la humedad se hinche en la tierra, lo que promueve el crecimiento. Este es el momento ideal para plantar semillas.

Toda la Luna

Cuando la luna está llena, la gravedad lunar atrae el agua y hace que las semillas germinen. También se consideraba, en los primeros tiempos, que la creciente luz de la luna generaba un desarrollo equilibrado de las raíces y las hojas. Se creía que éste era el momento ideal para plantar cultivos anuales por encima del suelo que producen sus semillas más allá del fruto. Algunos ejemplos de estos cultivos son la lechuga, las espinacas, el apio, el brócoli, la col, la coliflor y los cultivos de cereales. A través de los ensayos y el tiempo se pensó que los pepinos también disfrutaban de esta fase, aunque son una excepción a la regla.

El segundo cuarto de luna

En el siguiente cuarto de luna (es decir, la media luna creciente), la atracción de la gravedad es menor, pero la luz de la luna es considerable y ascendente, lo que se pensaba que fomentaba un fuerte desarrollo de las hojas. En general, se consideraba que era un buen momento para la mayoría de los tipos de siembra y que el mejor momento para ello era dos días antes de la luna llena. Los tipos de cultivos que prefieren el segundo cuarto de luna son los anuales que producen sus frutos sobre la tierra, pero las semillas se forman dentro del fruto, como las legumbres, los melones, los guisantes, los pimientos, las calabazas y los tomates.

El tercer cuarto de luna

Cuando la luna entra en el tercer cuarto, su luz disminuye (es decir, la media luna menguante), la energía luminosa disminuye. Pero durante este periodo la atracción gravitatoria sigue siendo bastante alta, lo que produce un aumento de la humedad en el suelo. Además, ahora la luz de la luna disminuye, lo que nuestros antepasados pensaban que aportaba energía a las raíces. Se creía que era un momento excepcional para plantar cultivos de raíces, como remolachas, zanahorias, cebollas, patatas y cacahuetes. Además, se considera un momento ideal para plantar plantas perennes, bienales, bulbos y trasplantes debido al crecimiento activo de las raíces. La poda también es mejor en el siguiente cuarto de luna.

La Luna Nueva

En el momento de esta luna, tanto la atracción gravitacional como la luz de la luna disminuyen, por lo que se consideraba un intervalo de descanso. Se creía que el crecimiento en este periodo era constante y estable, lo que daba fuerza a las plantas, y también era un momento fantástico para el mantenimiento. Se decía que era el momento ideal para cultivar, cosechar, trasplantar y podar.

Hermano Sol y Hermana Luna

El papel del sol y la luna en la agricultura es indiscutible. El sol impulsa las fuerzas de expansión y la luna potencia o desestimula las diferentes fases de formación de las plantas. Esto fue considerado por muchas generaciones de pescadores como la mejor guía para obtener cosechas fuertes. Podemos aceptar u omitir este sistema de comprensión de la naturaleza de la maduración de las plantas, pero en última instancia no somos más que administradores en este ciclo de la existencia.

 

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